¿Por qué las personas no están ahorrando en México?

Las investigaciones de clientes generan perspectivas sobre la caída del uso de productos financieros en México

Mercado de pescados en la calle San Gregorio en Xochimilco, un municipio al sudeste de la Ciudad de México, uno de los lugares que visitamos para nuestra investigacion de clientes.

De acuerdo con el Global Findex, el porcentaje de los adultos en México que ahorra en instituciones formales cayó del 15 al 10 por ciento durante los últimos tres años a pesar de las estrategias de inclusión financiera implementadas por el gobierno. Esta caída tan abrupta en el uso de cuentas de ahorro resultó sorprendente, y también me afectó en lo personal como mexicano. Esta tendencia causa preocupación, y es también un llamado de atención. En Acción, lo tomamos como una oportunidad para escuchar a las personas que quisiéramos que se beneficie de los servicios financieros. Con el apoyo de la Fundación  MetLife, deseamos entender por qué menos personas ahorran en bancos, qué productos y servicios utilizan y quiénes proveen dichos servicios, ya que no se tratan de instituciones formales.

Para averiguar lo que los mexicanos desean de sus proveedores de servicios financieros, viajé recientemente a Ciudad de México como parte de un equipo de investigadores. Escuchamos a los pequeños comerciantes describir  su vida financiera,sus motivaciones, metas, aspiraciones y cómo se sienten en relación a varios servicios financieros, y las estrategias que utilizan para mantenerse financieramente sanos, entre otras cosas.

¿Nuestra mayor sorpresa? Las personas con las que conversamos conocen y pueden acceder a muchos productos financieros. Lo que pasa es que no los utilizan.

Todos mencionaron tener acceso a microcréditos, crédito al consumo en tiendas, tarjetas de crédito y cuentas de ahorro.  No parecía que el acceso a los servicios financieros fuese problemático para ellos; ni siquiera en las áreas rurales que visitamos a dos horas de la ciudad. Aún cuando nuestro pequeño estudio cualitativo no puede ser lo suficientemente riguroso como para extrapolar a poblaciones más extensas, estos hallazgos lucen consistentes con los datos nacionales. En México, el 86 por ciento de las sucursales bancarias están situadas en áreas urbanas, así que es poco probable que la gente de su periferia tenga que enfrentar escasez de servicios. Lo que revelaron nuestras entrevistas fue un problema distinto que frena el aumento de la inclusión: la falta de alineación entre lo que desean los consumidores de bajos ingresos y lo que los actuales productos financieros ofrecen. A la mayoría de la gente con la que hablamos le desagrada tener que lidiar con los grandes bancos comerciales, y continuamente rechazan ofertas de servicios financieros que reciben en las puertas de sus casas o en áreas públicas.

Muchas de las personas que entrevistamos todavía prefieren guardar efectivo en casa aun disponiendo de una cuenta de ahorros formal. Por ejemplo, Azucena, que anteriormente fue cajera en una sucursal bancaria grande, nos dijo que a pesar de la relación con su banco, tanto ella como su marido prefieren guardar dinero de manera informal. “Ahorramos en casa, pero lo hacemos por separado, con varias cajas de seguridad para diferentes propósitos “, dice.

A través de nuestras conversaciones con clientes como Azucena, descubrimos que las alternativas informales como las cajas de seguridad siguen siendo más convenientes para los clientes, y preferibles a las opciones formales. El guardar dinero en casa, después de todo, resulta indispensable para enfrentar emergencias inesperadas. Si el dinero está en el banco, uno enfrenta el inconveniente de tener que ir y esperar allí. Además, puede que no esté disponible 24-7, y puede haber problemas si el cajero automático no está conectado o si el farmaceuta, el mecánico, o quien sea a quien uno le pide ayuda, no acepta tarjetas de débito.

En muchos casos, las cuentas de ahorro de los entrevistados les fueron abiertas por sus antiguos empleadores como cuentas de nómina, o por programas gubernamentales para el abono de transferencias asistenciales. Estas cuentas eran menos “cuentas de ahorros” y más bien cuentas de “distribución” que se vaciaban inmediatamente del efectivo que era guardado en casa. Debido a que el aspecto del ahorro no era utilizado —de hecho nunca fue enfatizado— una vez que cambiaban de empleo o ya no recibían transferencias, dejaban que las cuentas vencieran.

La conveniencia puede ser una cuestión clave, pero no es la única. La sensación de inseguridad al retirar dinero de una sucursal bancaria puede ser también un problema, ya que los ladrones acechan donde se encuentra el dinero: fuera de las sucursales y cerca de los cajeros automáticos. La falta de confianza de nuestros entrevistados hacia las instituciones financieras frecuentemente tenía menos que ver con la seguridad, y más con las confusas y elevadas tarifas de mantenimiento (reales, o percibidas) que se cobran en las cuentas de ahorro.

A pesar de esta aversión percibida hacia las cuentas formales, encontramos que la gente sigue ahorrando y estableciéndose exigentes metas financieras. En todas las entrevistas que llevamos a cabo, la meta financiera número uno fue la de ahorrar para acceder a mejores oportunidades: la educación de sus hijos, un hogar para la familia o la posibilidad de tener un negocio propio. O sea que la demanda sí estaba presente, y la mayoría de la gente con quienes conversamos en realidad sí ahorraban.

Escuchamos a los clientes y ahora estamos trabajando conjuntamente con empresas fintech y proveedores de servicios financieros de todos los tamaños para que utilicen estos hallazgos y creen productos financieros que los clientes quieran utilizar como herramientas claves para sus vidas financieras. ¡Sigan en sintonía!

Esta investigación fue llevada a cabo por Acción, el Centro para la Inclusión Financiera en Acción, y Dalberg Design como parte de nuestro proyecto Desarrollo de Capacidades Financieras y Fortalecimiento Institucional a través de Innovaciones Centradas en el Cliente , con el apoyo de la Fundación MetLife.

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